






2009 1,60cm. Celo y silicona.
La escultura HOMBRE DE LUZ la he realizado utilizando una estatua clásica que se encuentra en la Escuela Maestro Mateo de Santiago de Compostela, institución a la que agradezco las facilidades que me ha dado para llevarla a cabo.
Se trata de un ensayo, puesto que nunca había trabajado en grandes dimensiones con esta tecnica que utiliza el celo como material, el cual permite un moldeado distinto al tradicional que transmite una plasticidad única y cuyo resultado traslúcido la hace idónea para la iluminación interior.
Si esta obra se puede considerar una especie de ready -made
Explicarla supone dar valencia al análisis deconstructivo, el cual afirma que lo que veo es todo lo que hay :un objeto colgado del que pende algo. Más cerca : una hélice cilíndrica atravesada por una X que da origen a una materia obscura a partir de una línea que cae y que tiene su principio en un bulto amorfo. Prosigo : la hélice, que pertenece a un bloc, posee un diseño sofisticado muy distinto al muelle tradicional, que ha permitido, por una parte, introducir contra natura unas varillas de unos cincuenta centímetros de longitud acabadas, por un lado en punta y por el otro en un tope , que tiene una numeración en milímetros referida al grosor de las mismas y por otra parte, ensamblar también a esta rara hélice un tejido procedente de un ovillo de fibras textiles que queda suspendido a medio consumir en el aire contra todo pronóstico El bloc de diseño presenta evidentes muestras de haber poseído numerosas hojas durante su existencia de las cuales no se tiene constancia. Esta ausencia ha sido subsanada por ese tejido o labor de calceta realizado en color negro en punto de derecho y revés con agujas del número 12. Posibles títulos : “No lo entiendo”, “Página en punto” , “El vuelo mecánico de la viuda y el ave finish”
2007 Maleta, fotografía, luz y policarbonato.
Una vieja maleta de la posguerra española me sirve para dar,desde el sarcasmo, una visión del viaje: ya no hay estaciones, ni muelles, ni estatuas de la libertad que prometan acoger a las masas oprimidas y abandonadas.
El desgastado exterior de la maleta contrasta con la intervención que se hace en el interior a base de materiales actúales como el policarbonato o como la retro iluminación en caja de luz, creando un vínculo entre pasado y presente.
El interior, abierto en la soledad del suelo, juega con seis imágenes que aparecen a través de tres perspectivas: en una visión frontal recibimos la palabra Wellcome sobre un idílico cielo azul, en una visión lateral se muestran imágenes de desolación en las que un personaje, sujetando la misma maleta, transita un espacio destruido, la otra visión opuesta recuerda los acontecimientos del once de septiembre del 2001 en Nueva York.

En el pabellón y en una estancia de color rosa destinada a las mujeres del psiquiátrico Castro de Rei, la autora ha utilizado la etiqueta como material y como concepto de la obra para insistir en la necesidad de tomar distancia ante el fenómeno actual de querer etiquetarlo todo, aún a sabiendas de que es imposible un control total y monstrar el exceso de estereotipos que simplifican a las personas. Haciendo de esto un juego, la autora se define como una persona que sufre un trastorno de manualidad múltiple compulsiva desencadenado por factores de tipo ambiental que dan lugar a episodios caracterizados por la incapacidad de estar con las manos quietas. De esa actividad frenética queda una cortina colorista de recortes perforados que se encadenan a través de un centenar de porciones de cordel.